El mantenimiento de una transmisión automática se centra principalmente en la sustitución de su aceite lubricante (ATF, por las siglas en inglés de automatic transmission fluid). Un mantenimiento que depende principalmente de dos factores: el tipo de cambio y el uso que se le de.

Dejando a un lado estas variables, lo habitual es cambiar este aceite (también conocido como líquido o fluido de la transmisión) cada 60.000 km o dos años, aunque algunos pueden superar incluso los 100.000 km. La mayoría de los fabricantes rondan estos valores para hacer coincidir su sustitución con las revisiones oficiales, independientemente del tipo de cambio automático que monten.

¿Cómo son los ATF?

El aceite de la transmisión en los cambios automáticos posee algunas propiedades únicas y específicas que lo convierten, probablemente, en el fluido más complejo de un vehículo. Por un lado, es un lubricante para enfriar y proteger las partes de la transmisión metálicas y no metálicas. Por otro, actúa de punto de «control de fricción» entre las partes que necesitan tener algún contacto para transferir energía para mover el vehículo.

La mayoría de los ATF de hoy en día son una mezcla de aceites base semisintéticos o sintéticos completos. Esto les permite tener una mayor vida útil, lo que significa que protegen los componentes vitales de la transmisión durante más tiempo.

Dependiendo del tipo de cambio automático, éste tendrá un tipo distinto de aceite. En este sentido, y para dar una mayor cobertura al profesional del taller, BG Products ofrece tres tipos de aceites: ATF (universal, adecuado para cajas automáticas de General Motors, Ford, Chrysler, Nissan, Infiniti, Mazda, Honda, Acura, Toyota, Land Rover, Lexus, Hyundai, BMW, VW/Audi, Mitsubishi, Mercedes-Benz, Saab, Kia, Subaru, Suzuki, Isuzu, Jaguar, Volvo y transmisiones automáticas ZF que requieren lubricantes 14A, 14B o 14C); CVT (para transmisiones automáticas de convertidor de par); y DCT (para transmisiones de doble embrague).

¿Y qué elementos incorporan los ATF para hacerlos tan complejos? Por un lado, los ‘aditivos de rendimiento’, que actúan como los ‘guardianes’ del ATF, pues protegen el fluido siempre que está en servicio (es decir, cada segundo que el vehículo está en movimiento).

Además, ingredientes como inhibidores de corrosión y oxidación, protectores de sellado, detergentes, modificadores de fricción y polímeros antiespumantes aseguran que el fluido pueda enfriar, limpiar y proteger la transmisión durante miles de kilómetros.

¿Y podemos alargar su vida útil?

A pesar de toda esta tecnología, y como todos los lubricantes, los aceites base y los aditivos de rendimiento que incorpora el ATF eventualmente comenzarán a degradarse y su rendimiento puede ‘resbalar’ (figurativa y literalmente).

Antes de que eso suceda, el profesional del taller tiene a su disposición BG ATC Plus®, un acondicionador del líquido de transmisión automática de calidad, con el que podemos rejuvenecer y reponer ingredientes vitales en el ATF, lo que ayuda a mantener al máximo su rendimiento y función.

Y es que, al agregar BG ATC Plus®, mantenemos los sellos firmes y flexibles, suavizamos los cambios y aseguramos que el fluido esté protegido contra el deterioro por el calor y el desgaste.

¿Y cada cuánto tiempo conviene agregar este acondicionador? Lo aconsejable es usar este acondicionador cada vez que se añada líquido de transmisión nuevo, o bien cada 50.000 km aproximadamente. También se puede usar como tratamiento de «una sola vez» si la mayoría del líquido se drena parcialmente para una reparación o reemplazo.

Consejo: una forma de saber si el ATF está comenzando a degradarse es con la aparición de partículas de desgaste. Por ello, revisa el líquido de la transmisión en busca de partículas de desgaste en cada cambio de aceite.